
La frontera norte de Shenzhen está protegida por una valla electrificada vigilada día y noche por soldados situados en torretas... dede mi habitación los veía perfectamente.
Crucé la zona electrificada por primera vez gracias a una invitación del estudio de Cantón.
[...]
2 horas de carretera hacia el norte.
En medio de la nada, se erguían enormes edificios en construcción... siluetas gigantescas, como palacios de congresos sin ciudad que ha de ir alrededor.
Obras... descampados... obras... así durante horas... casi tan deprimente como el Quebec-Montreal en el trans-canadiense.
[...]
Cantón... por fin una ciudad que se parece a lo que se ve en los documentales.
Nada más llegar, se ocupan de mi. Un intérprete nos acompaña y me presenta a un montón de gente.
En el restaurante del Holliday Inn, pruebo una deliciosa sopa de serpiente...
Nos sirven un té de frutas utilizando una curiosa tetera.
El director del hotel nos da la bienvenida premiándonos con su tarjeta de visita.
El protocolo chino exige que ésta sea dada con las dos manos.
Y se recibe de la misma manera...
Tras lo cual hay que simular interés.
Durante el día visito el estudio, me traen de vuelta al hotel y paseo por las calles.
Hay mucha gente pero paso desapercibido... una sensación muy agradable.
Hay muchas cosas para ver en Cantón: mercados antiguos, pagodas, museos...
pero sobretodo, bendito sea... ¡Sirven café de verdad!
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Esa misma noche, tras un rally contrarreloj entre el tráfico cantonés, cojo el express hacia Shenzhen.
Y se acabó, un magnífico fin de semana en Cantón. Me ha sentado de maravilla ver gente. Intercambiar, compartir puntos de vista... Percibir nuevos aspectos de esta cultura. Por ejemplo, el arroz cantonés, para que esté en su punto se le puede echar una tonelada de sal.
¡Y está bueno! Uno aprende muchas cosas cuando viaja. Cuando pienso que tras esto, he de regresar a Shenzhen, me deprimo. Y pensar que todos los chinos sueñan con ir a Shenzhen. Se supone que el ambiente debería ir mejorando al acercarnos al paraíso. Según Dante. Tan sólo espero que en el limbo se beba algo más que café soluble.
Shenzhen. Guy Delisle.

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